Poema de José Arias Ynche
No todos te conocen, todos no quisieran conocerte.
¡Que extraño! Tú les ofreces tu cómodo asiento y sin embargo te rechazan.
Pero tú terca y dura como la piedra, sigues ofreciendo tu cómodo asiento, muchos lo aceptan pero muchos otros que se sentaron dejan tu cómodo asiento y se van.
Los otros que sienten la comodidad de su cuerpo en tu asiento se quedan quietos, con un mudo rencor y halles de tortura por sentirse atrapados de ti
Ya no quieren pararse prefieren quedarse sentados y escuchar el familiar crujido que sale de ti, de tu ir y venir de un sitio a otro.
No saben cuanto tiempo estarán sentados
¡Pero el tiempo ya no les interesa!
Te sientes diferente a las otras sillas, a ti te llevan a pasear a la calle, te llevan en movilidad, te cuidan
¡Eres imprescindible!
Eres la única eres ¡La silla de ruedas!
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