Poema de: José Arias Ynche
La noche, me envuelve, en su oscuridad infinita.
La noche, tejió su alfombra, de hilos oscuros y lo puso en mi camino.
¡No hay luz para mí!
Solloza un ruiseñor, y yo junto con el.
¡No hay luz para mí!
La luna y las estrellas, mis amigas, mis confidentes, tratan de iluminar mi camino, más la oscuridad infinita, lo impide.
¡Y siento, espanto de mi oscuridad, por que no veo el principio y el fin del camino!
¡No hay luz para mí!
Doy, pasos ciegos de luz, y en mi mente, se dibujan senderos retorcidos, en sus costados, espinas de desprecio, que al rozarlas con mi piel, la hacen pedazos.
Sigo mi camino, sollozando mi soledad melancólica, siento el peso, de una vejez confundida, sin ser viejo.
¡No hay luz para mí!
Mi ser, sueña con recorrer campos, de flores exóticas y de sauces cantarines.
Más mi camino, es una senda de oscuridad, dolor y desesperación.
No hay, repuesta a mis sollozos, cansado, me siento en la orilla de mi camino, y creo escuchar una voz, traída por el viento, es el eco de las montañas, que me dicen:
¡No hay luz para ti!

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