Poema de: José Arias Ynche
Tu juventud, es cómo una poesía, que recién se compone.
A tú alrededor, sombras y claridades de fulgores mágicos revolotean.
Una brisa tímida, roza tus mejillas, cómo queriendo palpar, tu lozana piel.
Te sobresaltas desconcertada, al descubrir que dentro de ti, hay una primavera, con flores radiantes y mariposas que pugnan por salir.
Entre nubes y una mañana sin claridad, despiertas con ilusiones pasajeras, flor de juventud, que atrevidamente, osaras desconocer las reglas de la vida.
Sientes que la juventud te pesa, te incomoda y quieres probar la miel de los adultos.
El viento trae hasta a ti, el canto de ruiseñores, el cual te advierten de sus consecuencias.
Te dicen que no ignores el camino de peldaños hacia la madurez.
¿Ignoraras las advertencias de los ruiseñores?
Si lo haces, en tu camino encontraras otro sendero, el cual al tomarlo, te espantaran las sombras de desesperanzas, de imágenes, ¡de corazones agonizando, sin poder morir! por desamor y engaños, de ángeles caídos sollozando lagrimas sin vida, por probar el fruto prohibido.
Entonces, te acordaras del canto de los ruiseñores, y tu corazón te dirá, qué hay que enrumbar el camino.
Y de nuevo en tu camino, sentirás la brisa acariciándote, cómo queriendo quitar el polvo, que opaca tu piel lozana.
Sentirás, las gotas de agua de lluvia, mojando tu cuerpo, cómo queriendo lavar y borrar, heridas de desamor y desesperanza.

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